Friday, March 11, 2022

Adolfo Palleras y el Campamento Arnoldo Ríos en Copiapó

 




Adolfo Mario Palleras Norambuena (Santiago, Región Metropolitana, 18 de noviembre de 1946 – Copiapó, Región de  Atacama 17 de octubre de 1973), fue un dirigente vecinal, comerciante, dirigente regional de Atacama del Movimiento de Pobladores Revolucionarios, jefe del Campamento de Pobladores Arnoldo Ríos, dirigente y vocero del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR en Copiapó. 

Hijo de Jaime Palleras Calderón, pionero de la radiotelefonía en Chile, quien trabajó de control de radio en los inicios de la Radio Nuevo Mundo y Radio Minería, retirándose  posteriormente para dedicarse al comercio,  Su madre fue María Norambuena Vázquez, oriunda de Valdivia y San Javier, quien acompañó siempre a su esposo en los negocios luego de que este se retirara de la radio. En 1965,  emigró al norte del país trabajando en comercio en la región de Coquimbo y estableciéndose posteriormente junto a toda su familia en Copiapó con un negocio de comidas en el Mercado Municipal de Copiapó.

Su infancia y adolescencia transcurrieron entre las calles Erasmo Escala, Carrascal y Nueva Imperial, ubicadas en el barrio Yungay y  Quinta Normal.  Su educación primaria la realizó en el Colegio Salesiano de Don Bosco ubicado en la Alameda y cursó hasta tercero de humanidades en el Liceo Barros Borgoño, cuando por quiebra económica la familia se mudó a vivir en la Gran Avenida, paradero dieciocho y desde allí emigró al norte del país, radicándose en Copiapó.  

Desde su infancia manifestó su solidaridad con los más pobres y fundamentalmente con los sin techo para vivir, familias y niños que vivían en las calles o en poblaciones callampas que surgieron en Santiago en la década de 1950. Siendo hijo de un comerciante con carnicería y teniendo doce años buscó la amistad de niños que vivían en conventillos y poblaciones marginales llamadas callampas, tomas de terrenos que proliferaron en Santiago en esa época y crecían de la nada, por eso su nombre y las que posteriormente se trasformaron en poblaciones populares. Junto a esos y niños y jóvenes vivió su adolecencia y juventud, compartiendo con ellos sus historias de vida, carencias, alegrias y aventuras, fueron sus amigos, hermanos y compañeros de ruta. 

Teniendo dieciocho años llegó a Copiapó acompañando a su padre en los negocios para subsistir y obligado a dejar sus estudios por haber sido padre soltero, lo que a criterio de su padre lo hacía responsable de la mantención de un niño que estaba a su cargo. Hasta 1970 se dedicó a los negocios, tanto en el mercado como en su propio emprendimiento, distribuyendo mercaderías de abarrotes en los almacenes de las poblaciones de Copiapó, con mercaderías provenientes de Santiago, periodo en que conoció y convivió con muchas personas, familias y pobladores de distintos sectores poblacionales, en momentos que se vivían situaciones políticas de lucha proletaria a nivel nacional y en Copiapó había una gran participación popular por ser una zona minera histórica en la lucha por los derechos de los trabajadores. Ese periodo de cinco años fue de una vida intensa en el trabajo y en su vida personal, disfrutó de sus nuevas amistades, del trabajo y la bohemia. 

El año 1970 Adolfo participó en actividades poblacionales de apoyo al candidato de la Unidad Popular Salvador Allende y se acercó a los pobladores sin casa que vivían a la orilla del río, esto lo hizo junto a los curas obreros de esa época que trabajaban en las poblaciones y con los cuales estableció un vínculo de amistad y trabajo social. Eran años de revoluciones y utopías, de búsqueda de libertad de los pueblos y de emancipación de la pobreza, con una Latinoamérica que luchaba por liberarse del imperialismo yankee y de una causa del Che Guevara que estaba viva en medio de su muerte, ya que el imperialismo lo había asesinado en 1967, crimen que lo levantó como un lider a seguir, una luz o una estrella que Adolfo seguía en su diario vivir con los pobladores, en su trabajo, en el rock que bailaba con  alegría y en sus tertulias del restaurante o del bar, con sus amigos. 

En ese periodo, tanto en las poblaciones como en el lugar donde estaban los pobladores a orillas del río, conoció a los estudiantes miristas de la UTE, con quienes comenzó a trabajar políticamente y se hizo militante. De allí en adelante trabajó con Dagoberto Cortés en la formación de lo que fue el Movimiento de Pobladores Revolucionarios. Dagoberto Cortés había realizado una convergencia política con el Frente Revolucionario, organización de gran contingencia militante que estando bajo la dirección de Edwin Mansilla, se fusionó con el MIR y se formó el movimiento estudiantil, de trabajadores y pobladores revolucionarios, frentes de masas del MIR, lo que para Adolfo significó un vuelco en su vida social, ya que si desde su infancia su mayor vocación fue desear que la pobreza dejara de existir y todos tuviesen un techo seguro donde vivir, a sus veintitres años asumió la militancia del Che, la causa de liberación de Vietnam y el sueño de un mundo diferente que el rock trasmitía en un lenguaje universal de rebeldía, amor y paz. 

Comenzar el camino militante de la revolución que en esos momentos se gestaba y se expresaba en los jóvenes de todo el mundo, significó para Adolfo dedicar desde ese instante sus días y sus noches al trabajo permanente de una causa, la de su vida, la del pueblo chileno y la del MIR, movimiento en donde vió reflejadas sus aspiraciones, propósitos y objetivos políticos. Así fue que se organizó junto a muchos y muchas la toma del terreno baldío ubicado en la calle Luis Flores al llegar a la Avenida Los Carrera y casi al frente del regimiento. Así nace el "Campamento de Pobladores sin Casa Arnoldo Ríos", siendo el primer campamento propiamente tal en la ciudad, más allá de las tomas de terrenos que trabajadores con sus familias fueron realizando en el tiempo y de las cuales se fueron formando los barrios y poblaciones tales como la Mundo Nuevo, El Rosario, La Chimba, Cartavio y Pedro León Gallo entre otras, poblaciones que Adolfo y el Movimiento de Pobladores Revolucionarios MPR recorrieron, formando la unidad y cohesión en las demandas del sector a las autoridades y el desarrollo de actividades culturales, sociales y políticas con las que se logró formar  un gran movimiento regional de pobladores, con la participación y accion del MPR.

El campamento fue una experiencia única en la ciudad y la región de Atacama, siendo este un espacio territorial que se formó y se estructuró de acuerdo a lo que en Santiago fue el Campamento Nueva Habana, con una estructura orgánica que estableció la topografía, diseño de las calles, letrinas o baños públicos, sede social comunitaria y áreas de salud, social, cultura y educación, aseo y ornato y comunicaciones, era un territorio de un mundo nuevo y experimental, donde todos y todas tenían una funsión participativa que contribuía al desarrollo del objetivo comunitario. Allí confluyeron alumnos de la enseñansa media, de la Universidad Técnica del Estado y de la Escuela Normal, trabajadores, profesionales, mujeres y hombres militantes comprometidos que trabajaron continuamente por un proyecto de una vida mejor para los pobladores, hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos de un país que apostaba a un cambio social.

Desde 1970 a 1973, Adolfo vivió tres años intensos de trabajo político y/o desde sus  veintitres a sus veintiseis años de vida respectivos, trabajó a diario por la causa de los sin casa y el derecho a un techo, trabajo y libertad de un pueblo que él formaba parte y donde tenía sus amigos y compañeros de existencia, con quienes siempre compartió tristezas y alegrías, aventuras, bailes, cantos, comidas, fiestas y brindis de penas y felicidades. Se convirtió en un cuadro político, caminó por todos los barrios de Copiapó que ya muy bien conocía y amaba, recorrió la región en reuniones con dirigentes vecinales, representó a la región de Atacama en las reuniones del MPR en Santiago. Fue el  Jefe de Campamento del Arnoldo Ríos, donde confluían permanentemente los frentes de maza y dirigentes regionales y nacionales del MIR, bailó, cantó y supervisó las horas de clases de recuperación de estudios de los niños en la sede vecinal del campamento, logró la inscripción de la junta vecinal del campamento en la Municipalidad y fue elegido Presidente de la Junta de Vecinos y consiguió el traslado del campamento a una población donde se les entregaría viviendas con ampliación, al frente del regimiento, por la calle Luis Flores, Fue el vocero del MIR, trabajó junto Edwin Mancilla en un programa radial de la Radio Atacama, espacio que facilitaba Alfonso Gamboa, director de la radio, defenció su causa, defendió a su gente y al gobierno, de un fascismo que amenazaba con sangre y muerte. Marchó en grandes columnas de pobladores y pobladoras que bajaron por las calles de Copiapó al centro de la ciudad y se dirigió a los manifestantes de la plaza con discursos llenos de fuerza, amor y valentía. 

Después del Golpe de Estado fue llamado por bando militar y buscado en allamientos de su casa, casas de sus familiares, amigos y compañeros. Junto a sus compañeros dirigentes del MIR ocuparon las casas de seguridad que habían y las casas de los vecinos pobladores que los protegieron de la represión. Cayó en una de esas casas, mientras esperaba que se oscureciera para trasladarse a un negocio de barrio donde su dueño y su familia lo esperaban para resguardarlo mejor. Fue llevado preso al regimiento, donde lo torturaron con golpes y corriente eléctrica y posteriormente a la cárcel local.  Desde allí fue secuestrado por la comitiva de la Caravana de la Muerte, quienes a su llegada buscaron a viva voz entre los detenidos del regimiento a Edwin Mancilla y a Adolfo Palleras, quienes ya no estaban allí y quienes en concomitancia con militares locales organizaron la peor de las muertes para él y para doce presos políticos más de la ciudad; lo mataron con puñaladas y cortes de corvos, le enterraron yataganes que cruzaron desde su espalda al pecho y le quemaron  sus ojos con un soplete, ocultaron su cadaver en una fosa común clandestina, junto a los otros doce presos  políticos asesinados de la misma forma, entre ellos Edwin Mancilla, Manuel Cortázar, Atilio Ugarte, Leopoldo Larravide y Winston Cabello, compañeros miristas que trabajaron con él de una forma u otra y que compartieron esos tres años de intenso trabajo y vida, murió horrorosamente y no sabemos si el dolor que sufrió en sus últimos momentos fue por las puñaladas o por sus sueños rotos. 


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