Sunday, March 31, 2013

Valencia. Ni olvido, ni perdón: Verdad, Justicia, Reparación!

30 Marzo 2013

Valencia_Ni olvido, ni perdón: Verdad, Justicia, Reparación!


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Un año más estamos aquí para reivindicar la Verdad , la Justicia y la Reparación que, a 37 años de muerto el genocida Franco, se sigue negando a las víctimas del exterminio franquista por esta "democracia" producto de los Pactos de la Transición. Pactos hechos por la propia Falange Española, la Iglesia Católica i resto de las organizaciones franquistas, que contó con la complicidad del PSOE, PC-IU y sus sindicatos, CCOO y UGT. La Transición fue extremadamente beneficiosa y conveniente para los franquistas, ya que blindó su impunidad, que les eximió de pagar por los crímenes cometidos y consolidó sus intereses económicos, pero que al resto solo nos trajo corrupción, desgracias y represión.
Año tras año, vemos con impotencia y desesperación como se destruyen y se ocultan las pruebas del genocidio. Por una parte, la destrucción de la documentación que implicaba en el exterminio a la Iglesia Católica , Falange Española y empresas que explotaron hasta la muerte a presas y presos revolucionarios y republicanos con los trabajos forzados.
Por otra parte, la destrucción y saqueo de las otras pruebas, las fosas comunes, con las llamadas "exhumaciones administrativas" una excepción solo vigente en el estado español, realizadas para eludir la investigación de los crímenes y el señalamiento de las responsabilidades de los culpables, ya que implican la manipulación de los restos de los asesinados sin las garantías de un protocolo policial, judicial y forense. Las exhumaciones son imprescindibles para investigar el genocidio y hacer justicia a las víctimas, pero han de hacerse, para que no se pierdan las pruebas, de acuerdo con la legislación vigente, como se hace en el resto del mundo: personándose el Juzgado y con la intervención del Instituto de Medicina Legal.
Además, alrededor de estas "exhumaciones administrativas" han surgido empresas y profesionales privados destinatarios finales de las subvenciones, que las realizan sin tan siquiera aplicar un protocolo oficialmente aprobado, y sin respetar muchas veces la intimidad de las víctimas, publicando y exhibiendo imágenes de sus restos sin ningún miramiento.
Pero todo hace indicar que la destrucción de la documentación y de las pruebas y la negación de los derechos de las víctimas a una investigación que desvele la verdad y repare minimamente la exclusión histórica no son suficiente para ellos. Tenemos que asistir, además, al espectáculo de ver como por todos los medios intentan cerrar en falso los crímenes franquistas, creando las "Comisiones de la Verdad ", diseñadas por el poder, que allí donde las han creado, Argentina, Sudáfrica, Guatemala y otros lugares, nunca han servido para hacer justicia a las víctimas pero sí para que los verdugos no tengan que responder por sus crímenes.
Igualmente hemos de asistir a los intentos de que los crímenes del franquismo se juzguen en países que no tienen jurisdicción en el estado español, por lo cual, sus resoluciones y sentencias no pueden ser de aplicación. Es el caso de la llamada "querella argentina", que no contempla juzgar todos los crímenes del genocidio, al dejar excluidos a cuantos murieron como consecuencia de las brutales medidas económicas, sociales y políticas que el franquismo impuso a la población que perdió la guerra; es decir muertos por el hambre y la sed, por enfermedades no asistidas y epidemias, por falta de vivienda y por falta de salubridad entre otras.
Esta querella está en manos de la jueza Servini de Cubría, con fuertes vinculaciones con el periodo más oscuro de la dictadura argentina, en la que ya era jueza, casada con un militar de alta graduación identificado como represor. Su nombramiento como titular del estratégico Juzgado Federal nº 1 de Buenos Aires, por el ex presidente Carlos Menem, fue muy contestado en Argentina a causa de su actuación como jueza colaboradora de la dictadura.
Llama la atención que esta querella esté apoyada en el estado español por entidades y asociaciones vinculadas a partidos políticos como el PSOE, PCE y IU, votantes de las dos leyes de Punto Final en el parlamento español, la Ley de Amnistía de 1977 y la de la Memoria Histórica de 2007 que impiden investigar y juzgar los crímenes del franquismo en el estado español.
Está claro que las autoridades e instituciones españolas hacen lo imposible para que la verdad permanezca oculta para siempre y que no se conozca el verdadero alcance del genocidio, tanto en Valencia como en todo el estado. Es el peso de los apellidos de los descendientes de los franquistas y de sus intereses económicos, presentes, hoy como siempre, desde la muerte de Franco en las más altas instancias del poder. Es la realidad de un sistema continuador del franquismo y que nunca lo condenó, con un jefe del estado, el rey de España, elegido directamente por el genocida. sistema en el que hacer apología del franquismo y despreciar la memoria de las víctimas son parte de sus libertades.
Por todo ello, los y las firmantes de este manifiesto EXIGIMOS:
No a los intentos de cerrar en falso los crímenes del franquismo, y anulación de las leyes de Amnistía de 1977 y de la Memomia Histórica de 2007 verdaderas leyes de punto final que impiden investigar y juzgar los crímenes del franquismo.
No a las "exhumaciones adminsitrativas" que destruyen las pruebas del genocidio.
Exhumaciones judiciales de acuerdo con la legislación vigente con la aplicación de los protocolos policial, judicial y forense.
Que se investigue el verdadero alcance del robo, secuestro y venta de criaturas desde 1940 hasta 1960, es decir, a las afectadas por la ley Vallejo Nájera y que se exijan a las entidades implicadas las responsabilidades previstas por la ley para estos casos.
La retirada del monolito instalado sobre la fosa comun de la Sección 7ª Dereccha, homenaje a los fascistas, que equipara a los verdugos con la víctimas, erigido para recordarnos que los ganadores de hace más de 70 años nos siguen ordenando en todos los en todos los sentidos.
Entidades y personas firmantes: Fòrum per la Memòria del País Valencià; Societat Coral El Micalet; Arran; Radio Malva; Confederación General del Trabajo CGT; Alerta Solidària; Coordinadora Obrera Sindical COS; Assemblea del Terra; CSO La Fusteria ; Moviment de Defensa de la Terra MDT ; Esquerra Anticapitalista; Comissió de la Dignitat ; Esquerra Republicana del País Valencià; Partit Socialiste d'Alliberament dels Països Catalans PSAN; Solidaritat per la Independència ; Grup de dolçaines i tabals "Estrela Roja de Benimaclet"
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Monday, March 25, 2013

Armando Uribe y su indignación razonada

 

Vivian Lavín Almazán
URIBEOFICIAL
El Premio Nacional de Literatura es uno de los intelectuales que de manera más valiente dice sus verdades, esas que de tan sinceras tocan al alma nacional, desnudándola, despojándola de sus mitos y mentiras. Su indignación respecto de Chile tiene raíz moral, social, sicológica y espiritual…pero también económica
Recibe, como siempre, en su amplio departamento duplex frente al Parque Forestal. Esta vez, sin embargo, la conversación no se desarrolla en el living de reminiscencias minimalistas, sino que en su dormitorio-biblioteca. Allí, sobre una cama, yace recostado, vistiendo un terno negro y enfundado en una tela negra, donde destacan libros por doquier, fotografías y trabajos artísticos de su amada y difunta esposa Cecilia Echeverría. Lo enfrenta una enorme fotografía de sí mismo, adusto, con esa mirada inquisidora que no perdona.
Advierte que una afección pulmonar, debido al tabaco, le impide hablar mucho.
Para quien piense que Armando Uribe Arce está en actitud de contemplación esperando la muerte, se equivoca. Durante dos horas, apenas permite interrupciones. Su cultura, manejo de información y, sobre todo, su mirada crítica y sarcástica sobre el mundo y las ideas las despliega con vigor e inteligencia.
Abogado, diplomático, profesor, ensayista y poeta, Premio Nacional de Literatura 2004, Armando Uribe Arce es uno de los intelectuales que de manera más valiente dice sus verdades, esas que de tan sinceras tocan al alma nacional, desnudándola, despojándola de sus mitos y mentiras.
uribe
Foto: María Paz Nassar
A su propia obra publicada, la llama “librillos de segunda clase”, y a pesar de eso, sigue escribiendo porfiadamente, “buscando lo que no encuentra”, y con más fuerza mientras más pasan los años. Con todo, lo que más defiende es su “valor moral de la indignación razonada”, que despliega al referirse a una de las marcas más profundas de su vida: el destierro. “ No pude regresar porque se me estaba prohibido por un Decreto Ley de la Dictadura de octubre de 1973 cuyas penas, para quienes lo hacían, era de cinco años y un día hasta la muerte. Incluso hubo un Decreto Ley en el que se me quitaban la nacionalidad, pero quedó sin efecto porque también incluía a la viuda del señor Allende y a su familia, lo que produjo una escandalera internacional, pese a que mi último antepasado europeo, ajeno a América, llegó hace más de 300 años a Chile, de modo que mis antepasados chilenos han existido desde el siglo XVI y el más reciente es de 1702. Entonces, esos pillastres que provocaron el Golpe de Estado, quisieron quitarle la nacionalidad a una persona, repito, que era chileno desde el comienzo de la palabra Chile. La prohibición de estar físicamente en el país es una de las cosas más graves que le pueden pasar a los seres humanos. Lo dijo el Papa de la época, cuando vino a Chile, cuando se refirió al destierro, como lo prefiero llamar en lugar de exilio por ser más antigua, que el destierro es la muerte civil. Y es completamente cierto. Es como si lo declararan o transformaran a uno en un muerto, un cadáver. Porque no es sólo la prohibición de no estar en el propio país, sino que es como no estar en ninguna parte”.
Ese Chile que le duele, que le avergüenza ha dejado una huella profunda en su obra, como lo escribía en 2010, en su libro NUNC, que alude a la palabra latina “Ahora”:
“Mi país me da vergüenza.
Desde el golpe de Estado el 73
a través de la continuidad
de 1990 hasta hoy, setiembre
de 2010. No es “vergüenza
ajena”; es “propio” este impudor
sin culpa real. Seguirá hasta
morir. Es lastimoso, vergonzante”.
…y contraataca. “Sigo sosteniendo lo que escribí entonces. Resulta que sentíamos orgullo de ser chilenos y que este país fuera deformado, no transformado, sino deformado como ocurre con la ruptura más grande que ha tenido Chile desde la Independencia como es el golpe de Estado, que humilló a Chile de tal manera que pasó a darnos vergüenza de ser chilenos”, recuerda quien fuera diplomático de carrera con el cargo más alto que se pueda tener por ley, como es el de ministro consejero de primera clase, cuestión que aclara latamente a los despistados que pudieran creer que lo suyo fue un nombramiento político del gobierno de Allende, por quien tampoco votó por estar fuera de Chile.
Su indignación respecto de Chile tiene raíz moral, social, sicológica y espiritual…pero también económica. “En el caso chileno ocurre algo que, en general, no se dice. Y es que el Presidente de la República en Chile tiene, según la revista Forbes, un capital por el que ha ganado 100 millones de dólares solo en el último año y que asciende a dos mil 500 millones de dólares. Está en la lista de los más ricos del mundo y, en Chile, es la décima fortuna. En la reciente elección presidencial estadounidense, se consideró como un escándalo el que fuera candidato el señor Romney por poseer una fortuna de alrededor de 200 millones de dólares, y el señor Piñera, en Chile, es candidato y presidente con dos mil 500 millones de dólares…¡Ojo! ¡Eso no puede ser! ¡Es un escándalo público! Y esto es debido a la aplicación de la ideología del capitalismo de mercado desregulado, que se traduce no sólo en lo económico, financiero sino también en el plano político y cultural. Chile fue el primer país donde se aplicó esta doctrina. Incluso la señora Thatcher, cuando era candidata a mediados de los 70, mandó a dos funcionarios de su partido a ver cómo funcionaba este sistema acá… y lo aplicó después, como lo hizo también Reagan. Esto lo observé muy bien desde mi destierro en París, donde recibía todos los días diarios y revistas de la prensa chilena, y conversaba con quienes viajaban, de modo que estaba lo suficientemente informado para darme cuenta que la llamada, más tarde, Concertación, no ha sido nunca de centro izquierda, como sostuvieron. Eso es mentira. Fue siempre de centro derecha, y la lucha no fue entre centroizquierda y centroderecha, sino que entre centroderecha y derecha plena. Parece que uno estuviera inventando cuando dice estas cosas y
¡ yo lo podría argumentar durante días!”, vocifera.
Chile: Un Estado fallido
Con sus manos sobre el pecho, friccionando levemente sus dedos unos contra otros, Armando Uribe va dando larga cuerda a los temas. No está para diálogos breves, ni esgrima intelectual. Explica con respeto y particular afán didáctico, recordando al profesor titular y profesor extraordinario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, como también de la Universidad de Paris I, la Sorbonne Panteón, “la verdadera Sorbona”, como se apura en aclarar. “En Chile, el Estado fue destruido a partir del golpe de Estado y ha continuado así. Lo que existe hoy, es el aparato estatal, la administración. Para que el Estado exista requiere de una participación colectiva, incluso sicológica, de la población. Y en Chile esto no existe. Se hacen preguntas absurdas, pseudo sociológicas, como, ¿por qué existe este malestar en Chile? ¡Por esto, pues! Porque la población se da cuenta que esto está fallado, es trampa, es ilusión…”, dice.
Se jacta de su sangre indígena porque es la que le permite identificarse con la mayoría del pueblo chileno que es mestizo. “Es un honor porque en el resto de América hispana, Chile fue aquél donde la conquista duró más tiempo. Y esto sirve para entender el origen de las diferencias, sicológicas, por lo menos, y no sólo raciales, entre los chilenos criollos mestizados respecto de los habitantes del continente. Donde hubo más resistencia, que duró 60 años, fue en el norte de México. En Chile, esa resistencia duró 300 años y más. Como también es el único país americano que nace con un poema, como es la epopeya de La Araucana de Alonso de Ercilla y Zúñiga”, apunta. Con profundo conocimiento de la Historia de Chile, moteja de metecos, a ciertos historiadores por su posición sobre el tema, en particular a Sergio Villalobos, a quien considera, de paso, mal escritor. “Los mapuche nacen de la lucha contra el extranjero. Por eso se vieron obligados a organizarse con instituciones estatales, no del tipo estado-nación del siglo XIX, sino que según los estados tal cual existían en el siglo XVI, por lo que tenían una organización de carácter estatal, sin duda ninguna. Y eso lo conservan culturalmente, de manera inconsciente, por eso tienen la noción de que han tenido y deben tener instituciones estatales. Requieren por esto que haya un reconocimiento de pueblo por parte de la Constitución vigente en Chile, lo que van a obtener”.
La Estupidez
Foto: María Paz Nassar
Foto: María Paz Nassar
La muerte, la religión, el amor y también la estupidez son los tópicos que atraviesan su obra completa, poesía que nació cuando era El Joven laurel y que fue madurando al son de El engañoso Laúd a pesar de Los Obstáculos con los lo que ha ido rabiando…parafraseando algunos de sus títulos. A pesar de que en el año 2008 anunció que dejaría de publicar, ha seguido haciéndolo profusamente. “Yo no pido que me publiquen, sino que me ofrecen…y como los libros los tengo hechos”, dice mostrando su colección de las clásicas libretas Moleskine en las que cada día va escribiendo a modo de diario de vida con letra angulosa y tinta negra, sus pensamientos, reflexiones y esos versos que conforman su obra. A pesar de que en su libro A peor vida decía: ““Publicar hoy libros en nuestro país es tirar una piedra al fondo de un pozo seco. Arrojémosla”. Y es que está desilusionado de la cultura chilena actual, “una decadencia que acompaña a esta ruptura histórica desde el 73´ hasta hoy, pero que también está sucediendo en otros países, como una de las consecuencias de la ideología capitalista desregulada. En París, ya no se ven lectores como antes en el Metro, por ejemplo…esto es a nivel mundial”, reflexiona desencantado.
Y, ¿qué lee hoy Armando Uribe Arce? A pesar de estar rodeado de libros, confiesa que su lectura son, principalmente, recortes de la prensa europea que le envía su hijo de París, “muestra de mi propia decadencia y la cultura magazinesca en la que estoy inmerso. Esto es culpa de la televisión. Aunque sean canales culturales franceses o ingleses – la televisión chilena no la veo- , o programas culturales, todo siempre es magazinesco. La televisión no permite transmitir lo profundo y esto tiene gran influjo en lo que se publica luego en la prensa, incluso en los libros”, dice.
La estupidez es otro de sus tópicos favoritos y lo considera el gran tema literario del último siglo. “Esto lo vio Flaubert, ya en el siglo XIX, cuyo último libro trata de dos escribientes que se dedican a dilapidar la herencia que ha recibido uno de ellos en los sueños que siempre habían tenido y en los cuales fracasan. Terminan…es la gran novela inicial de la estupidez. Aunque pensándolo bien, todas las obras de Flaubert apuntan a esto. Madame Bovary no es sino la historia de ¡una mujer tonta! De esto se dio cuenta, en el siglo XX, Ezra Pound quien dijo también que el Ulises de Joyce no es más que una galería de retratos de puros tontos. Las obras más importantes del siglo XX son, en general, vidas y vicisitudes compuestas de tonterías o fallas humanas que también tienen su expresión de idiotez”.
Sus reflexiones llegan claro, al amor, otro de sus grandes inspiraciones, a la que considera “una de las idioteces que se justifican en el género humano”. Como es un tema sobre el cual ha reflexionado mucho expone su pensamiento: “En el fondo, el amor, no sólo hombre-mujer, sino que también el amor filial o el amor a Dios, tienen necesariamente odio. Sin odio no hay verdadero amor duradero, tiene que haber ambos…las proporciones es otra cosa. Freud decía de manera correctísima que el enamoramiento es una psicosis transitoria. Mi descripción del amor, la más exacta que he podido elaborar, es que el amor es una adhesión brutal a ciegas, donde lo brutal viene de lo corporal, de la animalidad”.
¿Y la muerte? Es la que ha estado llamando desde tan joven, como cuando ya a las 17 años, en esa publicación de la Academia Literaria de su colegio, El joven Laurel, que hizo Roque Esteban Scarpa y decía:
“(…)
Porque yo soy la imagen de la muerte.
Yo soy el amor extraído del agua
donde pudren y pudren ramos de tallos verdes”.
A esa, de tanto, llamarla y vestirla, no le teme: “Menos mal…esa es la gracia de creer”.
Fotos: María Paz Nassar

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Friday, March 08, 2013

Hugo Chávez..."Entrevista hecha por Gabriel García Márquez"

 
Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. "¿Qué pasa?", le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el Presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.

Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El Presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país.

Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.

El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.

Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?

El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el período más largo de presidentes elegidos.

El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.

Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. "Ese que toca es Hugo", decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: Cómo triunfar en la vida.

Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Angel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.

Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. "Fíjate las vueltas que da la vida", me dice Chávez con una explosión de risa. "Ahora su papá es mi canciller". Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.
"Además", le dije, "usted estuvo a punto de matarlo". "De ninguna manera", protestó Chávez. "La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles". Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.

Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.

Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. "Yo estaba ya casi rendido, -me dijo Chávez-, pues mientras más le explicaba menos me entendía". Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: "Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?". El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.

"De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela", dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. "Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de béisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas", contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. "Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, -contó Chávez- pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación".

Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. "No me deje morir, mi teniente"... le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: "¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie". Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: "Ahí caí en mi primer conflicto existencial".

Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. "¿Con qué finalidad?" le pregunté. Muy sencillo, dijo él: "con la finalidad de prepararnos por si pasa algo". Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.
Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.

A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de fútbol, el maestro de ceremonias lo anunció. "¿Y el discurso?", le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. "Yo no tengo discurso escrito", le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos:

"Chávez, usted parece un político". "Entendido", le replicó Chávez.
Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: "Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones".

Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: "Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer". Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: "¡Que eso no salga de aquí!".
Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. "Al final, claro, le hice un cambio", me dijo Chávez. En lugar de "cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español", dijeron: "Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos".


Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. "Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. "En diez años -me dijo Chávez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos".

A estas alturas del diálogo, el Presidente rió con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: "Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el Ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión". Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: "¡El coronel Badull!".

De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: "Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega". A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. "Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del Ejército", decía Chávez. "Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué". Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. "Es decir -concluyó Chávez- que nos sorprendió el minuto estratégico".

Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. "Yo iba a la universidad a un postgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa", me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. "Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque que sacaban los de Logística que no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron? Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera".

Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. "Y entonces me paro y lo llamo", dijo Chávez. "Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese". Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: "Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta". "Y el instinto me dice que lo mandaron a matar", dice Chávez. "Fue el minuto que esperábamos para actuar". Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.

El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: "Nos vemos aquí el 2 de febrero". Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Cambio de Colombia en febrero de 1999 con el título: “El enigma de los dos Chávez”.