Saturday, November 06, 2021

Adolfo Palleras y el derecho a la vivienda.

 

Entrevista de Chantal Castiglione, cientista política, a Angélica Palleras, hermana de Adolfo Palleras Norambuena, prisionero político asesinado en dictadura, octubre de 1973, por la Caravana de la Muerte.

 Chantal Castiglione. Roma, oct 2021



Ch. C.: ¿Qué carácter tenía Adolfo? Y sus actitudes?

Resp.:Adolfo tenía un muy bonito carácter, amistoso y alegre. Era una persona social y sensible. Nació un 18 de noviembre de 1946 en Santiago de Chile, en un barrio central y cursó su enseñanza básica en el Colegio Don Bosco de La Alameda con Cumming y la secundaria en un Liceo Fiscal. Desde muy pequeño manifestó su caridad con los niños más pobres que no tenían zapatos o que andaban descalzos, a quienes les regalaba los suyos y más tarde, cuando tenía doce años, su mayor actitud fue relacionarse con niños que vivían en poblaciones callampas y conventillos, con los que nunca discriminó e hizo de ellos sus mejores amigos y lo que a su vez desarrolló en él la conciencia de lo que significa una vivienda digna, buscando desde ese momento de su vida la forma de solucionar el problema de los sin casa. En su vida familiar y con sus amigos siempre manifestó su carácter alegre, cantaba, bailaba, reía y le gustaba la vida entretenida.

 

Ch. C.: ¿Me lo puedes describir también físicamente?

Resp,: Era de estatura mediana y peso normal, cabello claro y rizado, blanco de ojos pardos y barba rojiza. Vestía formalmente de pantalón oscuro, camisa sin corbata, chaleco de lana, chaqueta de tela,  abrigo y bufanda en el invierno.

 

Ch. C.: ¿Compartías algo con Adolfo?

Resp.: Desde muy pequeña compartí cosas en mi vida con Adolfo, lo primero que recuerdo es el baile, cuando los de su edad, entre doce y trece años, ensayaban el rock and roll amarrando una cuerda en la manilla de la puerta, así bailaban con la cuerda y giraban dando los pasos del rock, mi hermano ensayaba conmigo y durante mis cinco y seis años bailé con él y luego fue mi compañero de baile por siempre, en el rock de los 60 y los 70,  The Turtlus, The Beatles, Jimi Hendrix Pink Floyd y toda esa música que pertenecía a una época en que se hablaba y se producían cambios políticos y sociales en el mundo. Compartí y aprendí de él que había en el mundo una revolución universal de liberación de los esquemas establecidos de opresión y que en todo el mundo se estaba soñando y luchando por un mundo mejor. Compartí con él nuestra familia, el rock, los sueños y la actividad política posterior.

 

Ch. C.: ¿Me puedes hablar de su compromiso politico y de su militancia en el MIR?

Resp.: Adolfo fue muy apegado a nuestra madre, él era el único hijo hombre de los siete hermanos que fuimos y también fue muy consecuente a la historia de vida de nuestra madre, ella era hija de un hombre desheredado y lanzado a la calle por haberse enamorado y casado con una hija de peón, en los campos del sur de Chile. Cuando nuestro abuelo falleció ella emigró a la capital y allí conoció a nuestro padre que era un joven trabajador de la naciente radiotelefonía  chilena, hijo de un emigrante de Palma de Mallorca, siendo la casa donde nació y nuestra familia la primera fuente de formación social y moral que obtuvo Adolfo, incluyendo la presencia de dos tías abuelas, obreras sindicalistas de la industria del calzado, luego, su formación educativa en el Colegio Don Bosco y la opción por los pobres de esa Congregación de Salesianos, lo que más tarde, en la época de las utopías, el mayo de Francia del 68, la guerra de Vietnam, el rock y la liberación de los pueblos en América Latina lo llevaron a estar en contacto con los curas obreros, cuando nuestra familia emigró al norte de Chile, Copiapó, Tercera Región.

Estando en Copiapó y trabajando junto a nuestro padre en el comercio, quien se dedicó a los negocios durante los años cincuenta, cuando dejó la radio y quien en ese momento había obligado a Adolfo a trabajar en negocios por haber tenido un hijo y haberse transformado en un padre soltero, fue cuando llegó hasta el río, donde estaban unas familias pobres sin casa que vivían a orillas del agua, en la humedad y el frío, con niños enfermos y ancianos con tuberculosis, se acercó a ayudar a través de los curas obreros  que él conocía y allí llegaron los estudiantes revolucionarios del MIR, se contactaron y junto a ellos organizaron la toma de un terreno baldío donde podían estar mejor esas familias. Adolfo comenzó su militancia política cuando su entendimiento le hizo ver que los pobres de Chile tenían una oportunidad única de lograr la liberación de la pobreza, él era consciente de la realidad política y a sus veintitrés años tomó posición clara y decidida en lo que para él era “la senda del Che Guevara”, luchar en contra de la histórica desigualdad social y explotación de los trabajadores y la liberación del yugo del imperialismo yanqui en América Latina. Luego de la toma de ese terreno baldío en la ciudad de Copiapó, se formó el Campamento de Pobladores sin Casa Arnoldo Ríos, el que se constituyó  en su obra de vida, su desafío y su sueño. Se convirtió en el  Jefe de Campamento y junto a los dirigentes regionales del MIR formó el Movimiento de Pobladores Revolucionarios. Trabajó junto a Dagoberto Cortés, un gran dirigente que cayó abatido por la CNI en 1982.

En el Campamento de Pobladores Adolfo desarrolló un gran trabajo social orgánico y junto a muchos pobladores, trabajadores y estudiantes trazaron calles, hicieron baños de emergencia o casetas sanitarias, instalaron sistemas de agua y luz, se crearon espacios de cultura y educación, área de salud, de asistencia social y se levantó con fuerza una propuesta de lucha que se expandió a los demás sectores poblacionales o poblaciones populares de la ciudad, luego el movimiento se expandió a otras ciudades de la región, quedando Adolfo como Jefe o Secretario Regional del Movimiento de Pobladores Revolucionarios MPR y vocero regional del MIR. Su experiencia de vida, su conciencia de clase, su compromiso y trabajo de comerciante que lo llevó a suministrar mercaderías traídas desde la capital a todos los almacenes de barrio de Copiapó, lo hizo tener un vínculo con su gente, con los suyos o sus iguales en la vida, a los que volvió convertido en un dirigente revolucionario que llamaba a organizarse para enfrentar al fascismo que trabajaba día a día para derrocar al Gobierno de la Unidad Popular. Su figura se destacó en el mundo de los pobladores y sus territorios, donde él llegaba con la elocuencia de la palabra, la dirección del objetivo, la mística revolucionaria y su gran carisma. A parte de organizar a los pobladores por sus derechos, participaba en las marchas, manifestaciones públicas, actos y asambleas con una facilidad de lenguaje y contenido que lo hacía ser muy querido y escuchado. Logró el brillo de la esperanza y la admiración de niños y jóvenes que lo esperaban y lo seguían en el campamento y en las poblaciones; trabajó con las Juntas Vecinales y parroquias con los curas obreros, además, junto a Edwin Mancilla, el Secretario General del MIR en la Región tenían un programa en la Radio Atacama, donde todos los petitorios estaban presentes y por sobre todo, la defensa de lo logrado y la fuerza para seguir adelante creando poder popular. Desde niño se manifestó en él su sensibilidad social y compromiso con una causa que lo llevó a ser líder y dirigente revolucionario de los sin techo, lucha que él sabía lo llevaría a la muerte, pero estaba dispuesto a todo y lo decía con gran convicción…Patria o Muerte, Venceremos. Luego del Golpe, cuando las fuerzas represivas lo buscaban y andaba con su esposa clandestinamente en casas que los escondían y vivieron los mejores momentos de amor y unión de pareja, ella cuenta que Adolfo le dijo: Voy a morir igual que el Che. Y murió peor, a sus asesinos no les tembló la mano para darle un tiro mirándolo a los ojos, a él lo destrozaron con cortes de corvos y cuchillos, bayonetas y sopletes que quemaron sus ojos y su hermosa mirada.

 

Ch. C.: ¿Además de su militancia política que le gustaba hacer en el tiempo libre?

Resp.: Cantar, tenía una guitarra y en el campamento junto a su gente cantaba temas de Víctor Jara, Ángel Parra y Patricio Manns, a veces cantábamos en dúo. También leía mucho, cocinaba, bailaba y compartía con amigos.

Ch.C.: ¿Tienes anécdodas que me puedes relatar?

Res.: Cuando pequeña yo le tenía temor a los mapuches porque un tío español decía que eran ladrones, borrachos y flojos, entonces Adolfo me llevó a la Quinta Normal de Santiago donde llegaban muchas familias mapuches a descansar en los jardines, me presentó como su hermana pequeña, me senté a comer con ellos y jugué mucho con los niños de mi edad. Una mamá me preguntó qué me gustaba de los mapuches y le dije que los copihues, pero no los conocía. Entonces a la semana siguiente de nuevo me llevó al parque de la Quinta y esa mamá me entregó un regalo que me había traído desde sus tierras, unos copihues bellísimos, fue mi única vez que tuve esa flor en mis manos y nunca olvidé lo hermoso de los mapuches y el copihue.

 

 

 

 María Norambuena Vásquez , madre de Adolfo, su papá Jaime Palleras Calderón y su hermana Gabriela, en un paseo dominical en el Cerro San Cristobal de Santiago.


 Jaime Palleras trabajando en el control de la Radio Nuevo Mundo en Santiago, años 40.


 Foto Familiar de Estudio. Papá, mamá y Gabriela, hermana de Adolfo Palleras


Adolfo Palleras con Gabriela su hermana mayor y su tío Otto, en el patio de su casa.


Adolfo Palleras con su papá, Jaime Palleras. Año 1966


Adolfo Palleras con su esposa Ada Santana y su hijo Leopoldo Palleras Cisterna. Paseando en la playa de Caldera. Año 1972



Adolfo Palleras Norambuena. Marzo de 1973.





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